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miércoles, 21 de marzo de 2012


Somos más que un pedazo de tierra.
“Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.”, dijo Neruda en su poema ‘Las Palabras’.
Los invasores todo lo que buscaban eran riquezas y civilizaciones que nunca encontraron, intentaban llegar a un lugar al que nunca llegaron, pero eso no los desalentó. Los visitantes venían para quedarse y sacarnos  todo lo que podían: territorios, oro, plata, cultivos, identidad, arrasaron con toda una cultura, una forma de vida. Así también trajeron o compartieron su lenguaje, impusieron su religión, sus costumbres. Casi nunca esto puede ser llamado ‘bueno’ pero hay que reconocerles que nos heredaron una lengua hermosa y fértil la cual nosotros nos encargamos de adoptar como propia.
Las variantes latinoamericanas del castellano nos diferencian de los demás países del mundo entero, nos hacen únicos.
Pablo Neruda ha logrado expresar con enorme brillo esta virtud de los latinoamericanos para modificar y enriquecer las palabras de esta lengua castellana:  “Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos…”
Viendo estos hechos a la distancia nos parece que el lenguaje está quieto, que ya no cambia, pero sin embargo todo el tiempo estamos incorporando nuevas palabras o formas de pronunciar, o incluso adoptamos palabras de otros idiomas y las castellanizamos, como el ejemplo de “sándwiches” o “futbol”. Esto corresponde a la necesidad que tenemos de renovar todo el tiempo nuestra forma de expresarnos, de mantener viva nuestra lengua. Es el caso de los jóvenes somos una clara muestra de esto, ya que todo el tiempo incorporamos significados diferentes a las palabras, por ejemplo la palabra “callo”, la cual usamos para caracterizar a una persona molesta o divertida-alegre (dependiendo del contexto), mientras que su significado según el diccionario es ‘Dureza que por roce o presión se forma generalmente en los pies o en las manos.’; o “bola” para llamar a decirle a alguien tonto, mientras que el significado de la palabra es ‘Cuerpo esférico de cualquier material’.
Es raro tener que agradecer algo a personas que no tuvieron piedad en despojarnos de todo lo nuestro, pero realmente si algo bueno hicieron por nosotros es dejarnos su idioma y debemos estar orgullosos de nosotros mismos por haber llenado esas palabras con nuestra identidad, con nuestra cultura, con nuestra forma de hacer las cosas. Ser latinoamericano es una cuestión de amor a la patria, a nuestra tierra y debemos tomar conciencia de que por mucho que hayamos sufrido, y por muchas veces que nos hayan querido pisotear, seguimos de pie y una forma de demostrarlo es cuidando y amando nuestra forma de hablar, porque la única forma de crecer y llevar a nuestra patria a lo más alto, donde merece estar, es llenándonos de conocimientos y demostrándole al mundo y sobre todo a nosotros mismo que no somos ignorantes y así ser independientes de una vez, pero siempre permaneciendo unidos como hermanos que somos.

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